Discursos

Egresos de la Federación 1988, el C. Diputado José Ángel Conchello expone por qué rechaza el dictamen.

Legislador: José Ángel Conchello Dávila
Legislatura: LIII (1985-1988) Legislatura Periodo:1987 Tercer Año de Ejercicio Primer Período Ordinario (Agosto – Diciembre 1987)
Tipo de Periodo: Extraordinario Fecha:domingo, 27 de diciembre de 1987
Tipo de sesión: Ordinaria  

El C. Presidente David Jiménez González: Tiene el uso de la palabra el ciudadano diputado José Ángel Conchello Dávila, del Partido Acción Nacional.

El C. José Ángel Conchello Dávila: Señor presidente; señores diputados: He venido a esta tribuna como miembro de la Comisión de Programación y Presupuesto a exponer en voto particular las razones no sólo para rechazar el Presupuesto de Egresos para 1988, sino para denunciar que todo este aparato es como una gran tramoya, una enorme escenario en el cual el gobierno sacrifica a todos en su beneficio y en beneficio del candidato oficial a la Presidencia.

Pocas veces en la historia de este atribulado país se había mentido tanto al pueblo como en la montadura de este gran teatro político-económico.

En efecto, el pasado 15 de diciembre, en un pacto formado entre gobierno, obreros, campesinos y empresarios, al que llamaron con sorna "Pacto de Solidaridad Económica", se afirma con una cierta cautela, que la persistencia de la inflación y los diversos acontecimientos económicos ocurridos y en las últimas semanas, han generado inquietud en la población, y yo vengo aquí a poner en tela de duda esos diversos acontecimientos económicos.

En ese mismo pacto se anunciaron reducciones al Presupuesto de Egresos, que desde noviembre están en manos de esta Cámara, y de esa afirmación la Cámara de Diputados que jamás se había atrevido a tocar un Presupuesto de Egresos, se sintió obligado a hacerlo, o por lo menos a fingir que lo hacía por iniciativa propia.

Cuando se reformó el día 23 de este mes la Ley de Ingresos, se dijo en los criterios iniciales: "Los acontecimientos recientes de aceleración de presiones inflacionarias, que llevaron a los sectores a firmar un pacto, etcétera, hacen necesarios los cambios".

También rechazo esos acontecimientos. Ahora, con sólo cinco días de estudios intensos, al parecer se nos presenta un nuevo presupuesto de gastos, donde ya aparece un lenguaje tremendista y se nos dice: "Los recientes acontecimientos económicos y financieros cambiaron con gran celeridad, alterando la situación cambiaria y la dinámica de la inflación", y por ello, en el increíble tiempo de cinco días, se reforma el gasto para redistribuir más de 200 billones de pesos.

Debo aprovechar este momento para recordar a ustedes que en ocasión de la comparecencia del Secretario Petriccioli, los diputados Rubén Rubiano y Ramírez Rebolledo solicitaron que se devolviera la Ley de Ingresos, por ser inoperante después de la devaluación y que el día 23, cuando compareció el Secretario Aspe, el diputado Víctor Álvarez y yo pedimos que se regresara el Presupuesto de Gastos por ser inexacto.

En ambas ocasiones, las propuestas fueron rechazadas por la mayoría, alegando que no hacían falta cambios y ahora, después de haber visto los cambios a los ingresos, estamos contemplando los cambios solicitados en los egresos, aunque no con las formalidades jurídicas necesarias.

Al recordar a usted estos acontecimientos, lo hago para enfatizar que ese cultivo de la crisis es falso, que no hay en verdad ningún acontecimiento económico que no se hubiera conocido desde antes de que el Presidente mandara su presupuesto, y que los acontecimientos que hoy provocan frustración y desconfianza son resultados de actos que el gobierno ha realizado y que cuando ocurrieron el gobierno mismo los justificó.

Pero más tarde, cuando por consecuencias no deseadas las medidas económicas rebotaron en contra del gobierno, se creó todo este andamiaje del pacto como coartada para obtener propósitos inconfesados.

En otras palabras, si el pacto no tenía razón de ser, si no hubo cambios económicos inesperados en la situación, las reformas al ingreso y al gasto tampoco tienen una real justificación económica, y son cortina de humo para otros fines.

Una afirmación así ha de parecer absurda a muchos señores diputados, pero si me acompañan en un brevísimo recorrido en la historia cotidiana de estos tres últimos meses, fundamentalmente en sus aspectos financieros, veremos cómo el gobierno mismo creó las condiciones económicas de las que hoy se asustan.

Recordarán ustedes que desde el mes de septiembre denunciamos aquí el crecimiento de una burbuja especulativa en la Bolsa de Valores, y el hecho nefasto de que el capital de inversión se estuviera encaminando a la especulación.

Recuerden también que en esos días, el gobierno justificó la especulación diciéndonos que eso había permitido la repatriación de capitales, y que ésa era una de las causas del crecimiento de las reservas en dólares. Por cierto que en ese lapso, vale la pena decirlo, muchos capitales sospechosos encontraron en la bolsa la forma de lavarse la cara; y es un secreto a gritos que el ex presidente López Portillo compró varias empresas utilizando hombres de paja.

La burbuja especulativa comenzó a desinflarse a fines de septiembre en que la bolsa se estancó; el 4 de octubre perdió 15 mil puntos, el 15 de octubre pierde 17 mil puntos, y el 17 de octubre viene lo que se llamó el primer gran crac, cuando la bolsa pierde 47 mil puntos. Desde entonces se dijo que los pequeños inversionistas estaban huyendo de la bolsa, buscando dónde poner su dinero.

Aquel mismo día, Héctor Hernández de la Secretaría de Comercio, anuncia un nuevo programa de cinco puntos contra la carestía; entre ellos mencionó la substitución de importaciones, olvidándose que eso implica hablar de protección industrial al empresario que comienza, pero a resuelta de esas caídas de la bolsa, los diputados del Partido Acción Nacional pedimos que compareciera Petriccioli el hacendista, por ser el responsable del caos monetario, pero las mayorías prefirieron que viniera el director de la bolsa, que no es sino un peón en el ajedrez de la especulación financiera, y que nos dijo por cierto que ya todo había pasado.

Sin embargo, el 28 de octubre ocurre otra caída, el 4 de noviembre otra más, el 5 de noviembre una caída que es calificada de irracional por los expertos, y la bolsa ya tiene un nivel de precios de 155 mil puntos.

El inversionista bisoño, como lo llaman los profesionales, salió de la bolsa y comenzó a comprar dólares. A fines de octubre se sabe que ya hay en el gabinete económico conflicto entre los que dicen que hay que usar las reservas hasta atender la demanda de dólares, y los que dicen que hay que guardarlas aunque sea devaluando el peso.

El 5 de noviembre el gobierno, que había mantenido bajas tasas de interés en renta fija, anuncia que los Cetes suben a un 99.9% para ver si así retiene el ahorro, evitando la dolarización.

El 6 de noviembre ocurre otra caída, y ahora se comienza a cuantificar la baja que ha provocado la pérdida de varios billones de pesos a los pequeños inversionista y ahorradores; ese mismo día se comenzó a hablar de la necesidad de un plan de rescate por parte del gobierno, porque según se dijo, "los corredores ya no tenían parque con qué defenderse".

El 11 de noviembre, Marcos Yacomán, director de Nacional Financiera, que andaba en Monterrey de lambiscón con el candidato oficial, anuncia que se pondrá en marcha un plan de rescate bursátil con 1 billón de pesos; al día siguiente, el gobierno anuncia que los Cetes pagarían 106%, pero las compras de dólares siguen en raudal.

El 13 de noviembre ocurre otra baja, y respecto al plan de rescate se oye desde Palacio Nacional una voz que dice: "Dijo mi mamá que siempre no".

En aquellas circunstancias, con una inflación anualizada del 135%, con un aumento de precios que de enero a octubre era del 104%, con el clamor de los obreros que exigían aumentos de sueldos, con una fuga incontenible de dólares y con muchos pequeños inversionistas arruinados, en esas circunstancias el gobierno quiere dar al pueblo más de lo mismo. Y el 15 de octubre se entrega primero a los periódicos y luego a los diputados, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos; ambos documentos, a pesar de lo que se diga, eran inflacionarios, pues con un gasto total de 234 billones, se planeaba un endeudamiento adicional de 105 billones de pesos, pero en los criterios se nos habla de que se podía ver el futuro con un optimismo moderado.

Al día siguiente de que se conoce el presupuesto, la Bolsa de Valores vuelve a hundirse bajando a 104 mil puntos, y al otro día, precisamente al otro día, el gobierno promueve la devaluación del peso frente al dólar libre, provocando la consternación en todos, menos en el gobierno.

Un día después de esa devaluación, el 19 de noviembre el Secretario Petriccioli comparece en este recinto y nos repitió su optimismo ingenuo, lejos del mundanal quebranto cuando nos dijo, entre cigarro y cigarro: "Empieza a observarse con claridad, habla Petriccioli, una reactivación moderada y casi generalizada en todos los sectores productivos, impulsados básicamente por la exportación no petrolera, el turismo, el fortalecimiento del mercado interno, el aumento de niveles de inversión privada y la recuperación de la inversión pública".

En verdad en esos días, las exportaciones estaban nivelándose, el mercado interno seguía contraído y la inversión privada había bajado más de un 20%; sin embargo, Petriccioli nos vaticina que: "Durante el segundo semestre, el crecimiento será mayor al 3%".

Refiriéndose particularmente a la devaluación del peso, dijo con indiferencia el hacendista: "El carácter transitorio y especulativo de esta demanda de divisas, contrasta con un superávit comercial y un nivel de reservas internacionales sin precedente, así que no había por qué preocuparse, si hay dólares en el banco debe haber confianza en los corazones".

Pero desde entonces, la prensa nacional se hace eco de las protestas por las alzas en cadena, y el lunes 23 toman cuerpo ante la opinión pública dos tendencias contrarias.

En este recinto, el doctor Aspe, con elegancia de quien ha estudiado en Harvard, trata de demostrar también que no pasa nada grave, y dice: "La recuperación que empieza a darse en 1987 ha venido acompañada de un fortalecimiento de la balanza de pagos, como resultado contundente de la política de cambio estructural de comercio exterior.

Esto contrasta con otras recuperaciones que hemos vivido y que fueron insostenibles ante una escasez de divisas que surgía junto con el incremento de la actividad económica, al tiempo que el aparato productivo era incapaz de aumentar sus exportaciones.

Estas características de la actual recuperación, dijo Aspe, permiten esperar para el año entrante un crecimiento económico moderado, pero sostenible y sostenido".

Como ven, ni para Petriccioli el día 19 ni para Aspe el día 23, hay causas de alarma, pero repito, se establece las dos posiciones; ese mismo día, Fidel Velázquez anuncia la alternativa obrera: O un aumento del 46% o huelga general.

Dos días después se reiteran las mismas dos posiciones antagónicas; el presidente de la Concamin dice que en realidad los precios no han cambiado y que no cambiarán mientras no cambie el dólar controlado, y el Congreso del Trabajo dice que la devaluación del 50% vino a pulverizar más el salario de la clase obrera, y agregaron con dureza: El diálogo entre el gobierno y el movimiento obrero está roto.

Al terminar el mes de noviembre hay un creciente desconcierto popular, la fuga de dólares continúa y un analista financiero ve cómo toda esta frustración se manifiesta en el momento; en el Banco de México tiene más de 15 mil millones en la reserva, lo cual era según las autoridades la base de la confianza y de la recuperación.

Los tecnócratas debieron elegir entre conservar la confianza o conservar los dólares, como despreciaron el valor de la confianza, ahora también están perdiendo los dólares.

El último sábado de noviembre, se levantó un rumor huracanado de que cerrarían bancos y congelarían cuentas, y el gobierno se vio obligado a desmentir tal posibilidad, pero no desmintió que durante los pasados 45 días, y a pesar de todos los frenos y estímulos, se habían fugado 2 mil millones de dólares por falta de confianza.

Los acontecimientos posteriores, los del mes de diciembre, son la resaca de la política dolarista de octubre y de noviembre, y lo único notable fue que durante todo este mes, los obreros insistieron en recuperar el salario vital.

El día 7, el gobierno presentó un nuevo plan, un mismo plan eterno contra la carestía que es rechazado por todos, incluso en este recinto; refiriéndose a ese plan, un diputado dijo en forma contundente: "Cuando la Confederación de Trabajadores de México habla de huelga, se hace la huelga".

El día 9, el supremo gobierno, por boca del Secretario del Trabajo, ofrece a los obreros un 15% retroactivo al 18 de noviembre y un nuevo cambio en la política económica; los obreros insisten en el 46%, y Fidel Velázquez dice no, esperaremos más.

Durante los siguientes días, el dólar libre sube de precio y el día 14 sube el precio del dólar controlado un 22%, pero en un acto inexplicable, ese mismo día se bajan los aranceles de importación un 20% para no dañar las importancia que tenemos comprometidas con otros países.

Ese mismo día también el gobierno aumenta los pagarés al 124.4% anual, el más alto en la historia para ver si se quedan en México los capitales golondrinos que vinieron a especular en la bolsa; y con toda esa historia de equivocaciones, que mientras más estudia uno más se avergüenza en recordar, el 15 de diciembre, un mes después del optimismo moderado, el gobierno firma un pacto que ya se envuelve con tonos y voces dramáticas.

En ese pacto, el gobierno se quedó con la parte del león; a los obreros ni siquiera se les respetó la promesa hecha el 9 de diciembre por el Secretario de Trabajo, de un 15% retroactivo al 18 de noviembre, mucho menos se les respetó, se les hizo caso en el 46% que les sirvió de bandera para una amenaza de huelga.

El movimiento obrero fue traicionado en el pacto, y el líder de los obreros fue entregado el escarnio y a la burla general de todos los que quisieron burlarse de él, estoy haciendo no un juicio sino un mero comentario.

A los campesinos se les sacrificó al obligarles a aceptar precios de garantía, que en términos reales sirven para mantener desigualdad y precios injustos; a los pequeños y medianos empresarios, los sacrificó al hacerlos aceptar una feroz competencia extranjera favorecida por el gobierno mismo, como se vio, hubo de devaluar el peso encareciendo las importaciones, volvió abaratarlas reduciendo el arancel; a todo el pueblo de México lo sacrificó al anticipar la inflación del primer trimestre, con aumentos de un 85%.

Así, visto en la superficie, este pacto fue fruto de una gran zozobra y de una gran carestía económica, ambas provocadas por la política in dollar we trust, en el dólar creemos, de los miembros del gabinete económico; pero en el fondo, pensamos que es una coartada con propósito claramente electorales, y cuya explicación se encuentra en el documento de la Dirección de Precios y Tarifas de la Secretaría de Hacienda, titulado "La Política de Precios y Tarifas de la Administración Pública 1987 - 1988", que fue denunciada en esta tribuna por el diputado Rubén Rubiano.

Y aunque los burócratas y los tecnócratas rechazan su veracidad, están siguiendo su contenido al pie de la letra; en ese documento se dice textual y yo diría cínicamente, que la política de precios y tarifas del gobierno para 1988, y lo que resta de 1987, debe asegurar congruencia entre un calendario político estricto y un calendario político económico óptimo, y agregan: Las fechas políticas impiden que se lleven a cabo ajustes antes del 15 de noviembre, y ¿por qué?, porque se sabe que el presupuesto tiene que ser entregado a la Cámara a más tardar el 15 de noviembre, y por la otra, se sabe que el candidato oficial está recién destapado y sería nefasto recibirlo con una andanada de aumentos.

Sigue diciendo el documento oficial en otra parte: "Asimismo, el proceso del próximo año hará poco recomendable que se decidan incrementos de precios en fechas próximas a julio", y la razón de la afirmación es obvia y hasta descarada, pues los incrementos en vísperas electorales mostrarían al pueblo el fracaso de la política económica, cuyo arquitecto es precisamente el candidato oficial.

En consecuencia, los tecnócratas se encontraban ante la urgencia de elevar los precios y tarifas, pero no cerca de la elección ni antes del 15 de noviembre.

Con esas premisas y después de hacer varias recomendaciones que incluyen en su documento, tienen esta frase contundente: "Solamente un programa con tales características, abriría un mayor margen de concertación en 1988; el escenario de precios que aquí se discute, muestra que estas condiciones pueden cumplirse en lo que resta de 1987", o sea, que a fin de lograr que el gobierno obtenga ingresos adicionales sin lograr la campaña electoral del candidato oficial, la Comisión de Precios y Tarifas recomendaba desde principios de noviembre que los ajustes se hicieran antes de acabar el año, y así, el 15 de diciembre se firma un pacto dizque de solidaridad, en el que todos los firmantes salen perjudicados excepto el gobierno federal, que anuncia una mayor recaudación tributaria por concepto de impuestos, y una mayor recaudación por concepto de tarifas.

En consecuencia, señores diputados, si los cambios presupuestales tienen su origen en un pacto de dudosa solidaridad, y si ese pacto parece el cumplimiento de un propósito netamente electoral, no podemos aceptarlo, sólo pueden aceptarlo quienes quieran sacrificar al pueblo para mantenerse en el poder.

Independientemente de eso, yo rechazaría el nuevo presupuesto porque los cambios tienen un carácter publicitario y no técnico, porque se quiere fingir un pseudoajuste que no se va a lograr; lo rechazo por su falta fundamentalmente de sustento político.

Desde el punto de vista económico, lo rechazaría por que la reducción de 235 a 208 billones de pesos es falso, ya que los ajustes fueron mal calculados; por ejemplo, el renglón décimo de la Ley de Ingresos, que se refiere a los ingresos procedentes de organismos descentralizados y empresas de participación estatal, fue reducido en la nueva ley de 53 a 48 billones de pesos, pero después del aumento al precio de la gasolina, la facturación de Petróleos Mexicanos subió, como consta a los gasolineros, no un 85% sino un 89%. Si los ingresos esperados de Petróleos Mexicanos para el año entrante por ventas interiores eran de 6.5 billones, al aumentar sus ingresos serán de 12.3 billones, es decir, 5.8 billones de pesos más.

Por su parte, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) esperaba un ingreso por venta de servicios de 5.1 billones antes del aumento, y ahora con un 85% adicional el ingreso será de 9.4 billones es decir 4 billones de pesos más.

Tan solo esos dos conceptos hacen que el ingreso total de organismos y empresas descentralizadas suba 10 billones de pesos el año entrante, con lo cual el lugar de bajar de 53 a 48, debería en realidad subirse a 63 billones de pesos.

En síntesis, señores diputados, después de haber rechazado el fundamento jurídico del nuevo presupuesto, existiendo vicios para rechazar el fundamento moral, pues creo que en la base del derecho y de la política deben estar los principios y los valores morales superiores, y afirmo que en materia de principios no se admiten transacciones. Muchas gracias (Aplausos.)

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